El lector profesional

El lector profesional vive en la sombra, pero no le tengas miedo, porque no es como ese maestro que una vez te regañó por hacer mal los deberes. Vamos a explicarte en qué consiste su trabajo.

Para empezar, una píldora de realidad, que nunca viene mal: el 57,5 % de la población de este país no ha acudido nunca a una librería, el 74,7 % no sabe lo que es pisar una biblioteca y casi un 40 % (el 39,4 % en 2015, según el CIS, para ser exactos) responde «ninguno» a la pregunta «cuántos libros ha leído usted aproximadamente en los últimos doce meses».

Estando así las cosas es, hasta cierto punto, lógico que vivir de algo tan poco practicado como la lectura pueda parecer cosa de otro mundo a muchos de nuestros vecinos. Y sin embargo el lector profesional, como el corrector, el asesor literario y la provincia de Teruel, existe.

Funciones del lector profesional

¿QUÉ HACE EXACTAMENTE EL LECTOR PROFESIONAL?

La respuesta a esta pregunta no es para nada sorprendente: leer a cambio de dinero.

Por lo general, libros que no han visto la luz. Manuscritos de todo tipo, género y contenido. A veces, para editores que quieren saber si tienen o no cabida en alguna de sus colecciones o están en consonancia con su línea editorial.

Otras veces, para escritores que tienen dudas sobre su última obra y necesitan descubrir las erratas, los errores de construcción, las deficiencias de la redacción o de la trama. Poesía, ensayo, textos técnicos o novela. Cuanto más versátil sea nuestro lector entre bambalinas, mejor podrá pagar la hipoteca.

Quizá estés pensando ahora mismo que es un chollo de profesión, o al menos una bastante poco esforzada físicamente.

Aunque no te falta razón en esto último (si los problemas oculares y los dolores de espalda se pueden considerar consecuencias del «poco esfuerzo físico»), ten en cuenta un par de cosas.

El lector profesional no lee para sí mismo, sino para otros. Eso implica que está obligado a hacerlo con atención, imparcialidad y espíritu crítico, desde un punto de vista integral, que abarque todos los aspectos relativos al texto que tiene delante.

Ha de ser capaz de absorber cada detalle, tomar notas y saber encontrar muy variopintos errores con mimo, paciencia y metódicamente.

Es una profesión que requiere ingentes cantidades de atención, detallismo, paciencia y amor por la palabra escrita, así como una forma completamente distinta de leer, que solo puede aprenderse con la práctica.

¿QUIÉN PAGA POR SEMEJANTE COSA?

Como hemos dicho, editores y escritores. Los primeros son gente muy ocupada y tienen siempre las mesas llenas de manuscritos que no van a poder leer.

Por eso recurren a los lectores profesionales, o lectores editoriales, como se les suele llamar más apropiadamente, que lo hacen por ellos y redactan unos informes de lectura, en base a los cuales se va a decidir si merece la pena considerar su publicación o es mejor sacar a la calle otro libro de Mario Vaquerizo.

Son cosas de la lógica editorial, que no es necesariamente lógica, porque, seamos sinceros, si las editoriales publicaran todos sus libros siguiendo un criterio estricto basado en la calidad literaria, viviríamos en un vergel de cultura que tiene poco que ver con la realidad.

Más bien, suelen atender a cosas mucho más mundanas como las modas, las oportunidades que pueda ofrecer el mercado y, en general, todo lo relacionado con ganar dinero, que a fin de cuentas es lo que a menudo se persigue. No dejan de ser un negocio como otro cualquiera.

Sabemos lo que estás pensando. Hay libros mediocres, o directamente malos, que obtienen informes favorables (lo que significa que el editor los acabó leyendo y publicando) y acaban convertidos en éxitos.

A veces hasta dan pie a sagas cinematográficas, y un buen día vas paseando por la calle y te encuentras a la hija de Don Johnson mirándote desde una marquesina tras un antifaz de plumas con el título de la susodicha debajo, de tal modo que vuelves a casa preguntándote cómo narices hemos llegado tan lejos.

¿Quiere eso decir que el lector profesional ha hecho mal su trabajo? ¿Tenía ese día el criterio apuntando a donde no alumbra el sol? No, solo significa que conoce el mercado editorial y sabe que ese libro puede conectar con alguna tendencia imperante. Aunque, por norma general, en España se sigue el ritmo que nos marcan fuera de nuestras fronteras.

Por supuesto, también hay libros muy buenos que no encuentran su hueco porque no encajan en la línea de una editorial concreta, o que sí encajan pero lo hacen a destiempo, cuando el tema no está en boga y el editor cree que puede perder dinero porque «el público ya está harto de eso». En todo eso también tiene su función nuestro lector.

Funciones del lector profesional

¿Y POR QUÉ ES ÚTIL PARA UN ESCRITOR?

Para tener una visión imparcial y neutra de su obra. Para que una mirada crítica le indique los fallos y virtudes de su texto.

Imagina que has escrito una novela ambientada en 1950 y, sin saberlo, has descrito un modelo de coche que salió a la venta en 1963. Es el tipo de detalle que no le pasará desapercibido a un buen lector profesional.

También se dará cuenta de que El Sonrisas no puede ser el asesino del señor Marshall, porque la noche en que se produjo el asesinato estaba a cincuenta millas de allí, asistiendo al combate del Madison, y no tuvo tiempo material para ir, cometer el acto y volver en diez minutos, y menos sin llamar la atención de los testigos.

La mayoría de ellos, los mejores, no son escritores frustrados, como se suele creer, sino lectores enamorados, que dedican su vida a arrojar luz allí donde la sombra que todo literato lleva consigo no le deja ver.

Impide la ceguera a la que obliga la cercanía, y aporta perspectiva, trabajando en colaboración desde el anonimato, con humildad y un objetivo común. Porque, y este es un rasgo que comparte con los correctores, el lector profesional no está para castigar al escritor, sino para mimarlo.

Así que ya ves que, efectivamente, hay quien vive de leer, y que para ello se vale de su mejor herramienta: el informe de lectura. Hablaremos de ella en una próxima entrada.

¿Conocías la figura del lector profesional? ¿Has trabajado antes con uno? ¿Te planteas hacerlo? No dudes en compartir tu experiencia en los comentarios.