La diéresis

Con la diéreis empezamos nueva línea de entradas sobre ortografía por culpa de un «paraguas» mal escrito. Un error tonto que a algún pobre becario se le deslizó el pasado viernes y que dio para más de un comentario en las redes sociales. Cosas que pasan cuando te lanzas a publicar textos sin revisarlos.

Cuatro, Telecinco, RTVE y Telemadrid tienen la lección aprendida. Todas ellas firmaron un convenio con Fundéu para que examine regularmente sus contenidos escritos.

Los chicos de La Sexta aún no han hecho lo propio y lo mismo te sorprenden un día con un «Vayadolid» que te plantan los dos puntos sobre la «U» que no deben.

Y es que la diéresis es quizá el signo ortográfico más despreciado de nuestro idioma.

LA DIÉRESIS - ORTOGRAFÍA (1) - Teloseditamos

Por eso el pasado martes dedicamos nuestro espacio dentro del programa de radio Pegando la Hebra a hablar un poco de ella. ¿Qué es la diéresis? ¿De dónde ha salido? ¿Cómo y para qué se usa? Te lo vamos a explicar a partir del siguiente párrafo.

UN DIACRÍTICO CASI OLVIDADO

La diéresis es un signo diacrítico. Eso quiere decir que sirve para darle a una determinada letra un valor especial en casos de posible ambigüedad. Fíjate en esta misma palabra: «ambigüedad». Presenta una «g» seguida de una «u» y una «e». Palabras como «guerra» o «guepardo» también lo hacen, pero en ninguna de ellas se pronuncia la «u». He ahí la razón de que se le pongan esos dos puntos encima. Para distinguir aquellos casos en los que debe pronunciarse de aquellos en los que no.

¿Y cuáles son esos casos? La propia RAE nos responde desde la definición del diccionario, cuando de ella dice:

«[…] signo gráfico diacrítico que se coloca sobre la U de las sílabas ‘gue’, ‘gui’ para indicar que esta letra debe pronunciarse, o sobre la primera vocal del diptongo cuyas vocales han de pronunciarse en sílabas distintas».

Ya lo sabes: ‘gue’, ‘gui’. Poco espacio para un signo que conoció tiempos mejores. Pero enseguida hablaremos de eso. Antes, una última píldora.

Si nos fijamos en los componentes léxicos de la palabra «diéresis» veremos que ya nos adelantan buena parte de su función: di (dos) y aireo (yo tomo), más el sufijo -sis (acción), nos viene a decir que este símbolo se utiliza para que la letra que lo lleva encima se pronuncie separada de las demás. Quédate con la copla.

PASADO BOYANTE Y FUTURO INCIERTO

Decíamos hace un momento que la diéresis tuvo un pasado mejor, y es que es uno de los signos más antiguos de nuestro idioma.

Sin ella las cigüeñas y los pingüinos sonarían bastante peor, y hay muchos otros casos que pueden causar problemas a la hora de escribir.

La mayoría de las veces la encontramos en palabras derivadas de otras que deben llevarla, y viceversa, lo que contribuye a liar más la cosa.

Tal es el caso de «lengua» y «lengüeta» o de «lingüística», o de «vergüenza» y «vergonzoso». No siempre fue así.

Ya se veían diéresis en textos medievales y del Renacimiento, y en ellos también se utilizaba en las sílabas ‘qüe’ y ‘qüi’, pero en el siglo XIX, concretamente en 1815, en la octava edición de la Ortografía de la Real Academia, se acuerda que palabras que antiguamente se escribían con esas sílabas pasaran a escribirse con ‘c’.

Así podemos encontrar en textos anteriores a esa fecha ‘qüatro’ o ‘qüando’… Imagina a Julio Iglesias cantándola de esta guisa.

Lo curioso es que Tony Renis y Emilio Pericoli sí que lo hacían en el festival de San Remo de 1962, pero ellos usaban el italiano, y en el país de la bota no llegaron a ningún acuerdo al respecto.

El caso es que, en italiano, «cuando» se escribe «quando», sin los dos puntos. ¿Quiere eso decir que en otros idiomas no hay diéresis? Por supuesto que no.

También la encontramos presente en el francés, el catalán, el alemán, el finés, el neerlandés, y también en una modalidad del vasco, a pesar de que sabemos que este idioma no tiene conexión con ningún otro de los que conocemos. Pero cada cual tiene su ortografía.

UN USO CASI MERAMENTE ESTÉTICO

Hay que admitir que la evolución del castellano escrito, por obra y gracia de las nuevas tecnologías, le está haciendo un flaco favor a nuestra invitada de hoy.

Cuando la gente prefiere escribir «mecawen» a «mecagüen» en su último wasap es que lo de la pobre diéresis está dejando de ser residual para convertirse en marginal.

Para que te hagas una idea de lo poco que se usa en la actualidad te damos un par de cifras.

De las aproximadamente 100.000 palabras que componen nuestro idioma, solo unas 1.200 llevan diéresis, es decir, el 1,2 % del total.

De estas, el 65 % corresponde a la sílaba «güe» y el 35 % a «güi». Así que estamos bastante seguros de que te costaría encontrar una palabra con esta última sin ayuda del diccionario, de no ser porque te hemos escrito «pingüino» un poco más arriba y sabemos que eres avispado.

Todavía tiene la diéresis otro uso, ya casi abandonado, y es el uso poético.

Antes, cuando la poesía solo tenía métrica, cuando había que contar las sílabas y los versos tenían que rimar, se permitía la diéresis para separar diptongos.

Eso daba a los versos otro ritmo, otra cadencia, y permitía que, al separarse las sílabas, el número fuera el correcto en la composición.

Ahora la poesía se ha simplificado, como muchas otras cosas en la literatura, y ya no siempre se rima ni se cuentan sílabas.

Si ya es difícil componer imágenes y evocar sensaciones con las palabras, conseguir que rimen y que tengan un número exacto de sílabas parece algo obsoleto.

Quizá porque es difícil o simplemente por moda y modernidad. Extraños caminos tiene el arte.

Pero el resultado es que, si antes poetas como fray Luis de León, Góngora o Quevedo la utilizaban para componer, ya casi nadie lo hace. Valga este ejemplo del primero como homenaje:

«¡Qué descansada la vida
la del que huye del mundanal rüido
y sigue la escondida senda
de los que en el mundo han sido».

O esta de Góngora, un fragmento de un precioso soneto:

«y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu blanco cuello,
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola truncada
no sólo en plata o truncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada».

A estas alturas ya tienes argumentos más que sobrados para saber que lo del pobre becario de La Sexta estuvo mal, sí, pero al menos se puede decir en su defensa, sin querer justificarlo del todo, que es en cierto modo comprensible.

Nos guste o no, la diéresis parece ir directa hacia la extinción, y la historia nos demuestra que cualquier día viene otra reforma y se la lleva por delante.

Por suerte, lo tiene un poco mejor que la tilde en «solo», pues, al contrario que aquella, esta aún sigue siendo necesaria para cumplir una función muy concreta.

Y es que, sí, la RAE tuvo sus razones para eliminar la tilde en «solo» y todas ellas son de peso, aunque haya quien se rebele contra esta medida y los siga tildando de criminales.

De esto, y de la falacia de la «toballa» y la «cocreta» hablaremos en futuras entradas de esta clase. Pero esa será otra historia.

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