CONTENIDO MÍNIMO DEL CONTRATO DE EDICIÓN

Ya sabemos lo que es un contrato de edición, su naturaleza, y lo que le diferencia de otros contratos, por ejemplo el de servicios editoriales. Su carácter de contrato en el que se pacta la cesión de los derechos de explotación a cambio de una remuneración cierta a favor del autor.

Pero, aun albergando este alma dentro de sí, no nos vale cualquier contrato de edición, sino que debemos asegurarnos de que contenga una serie de requisitos mínimos. Hoy vamos a explicar cuáles son los aspectos mínimos que debe incluir este escrito.

¿QUÉ DICE LA LEY?

Como un instrumento de protección al autor, la Ley de Propiedad Intelectual en su artículo 60 ha establecido un contenido mínimo en el contrato de edición que no puede ser obviado por las partes, y mucho menos por el proponente, que suele ser el editor.

La pena prevista, en el caso de que no contenga el contrato las estipulaciones y formas mínimas que pasamos a enumerar, será la nulidad total o parcial del mismo o, en algún caso, que la propia norma sustituya con alguna previsión la falta de mención de algún aspecto del contrato.

CÓMO DEBE SER EL CONTRATO

Para empezar, la Ley de Propiedad Intelectual (LPI en adelante) obliga a la forma escrita del contrato (Artículo 45 LPI); de lo contrario este se considera nulo. Ya se sabe que las palabras se las lleva el viento, por lo que esta obligación es una clara protección al escritor.

El contrato también deberá mencionar si la cesión de la explotación del libro la ha realizado el autor sobre el editor de manera exclusiva o no exclusiva (Artículo 48 LPI). En el caso de que la cesión sea exclusiva, se está facultando al editor, en las modalidades a las que afecte dicha exclusividad, a que pueda explotar la obra de manera que excluya a cualquier otro, incluso al autor, monopolizándola de este modo.

Será titular único de ese derecho y, por tanto, podrá ejercerlo ante los tribunales ante su afectación por las acciones de un tercero. Podrá, dentro del alcance previsto en el contrato, transmitirlo o cederlo a su vez a otros.

QUÉ LÍMITES ESTABLECE

El contrato delimitará la extensión geográfica y temporal de la explotación de la obra y a qué modalidades de explotación (libro en papel, bolsillo, libro electrónico, etc.) alcanza. En caso de que no se limite el ámbito espacial de la publicación, la LPI realiza, en vez de una sanción de nulidad, una previsión limitativa, en este caso al territorio del país donde se ha realizado la cesión, y con quince años como plazo máximo de cesión. Todo lo que no esté especificado expresamente en el contrato en cuanto a modalidades de edición, queda fuera de su ámbito.

EJEMPLARES Y DISTRIBUCIÓN

El número mínimo y máximo de ejemplares de cada una de las ediciones previstas también deberá ser objeto de mención en el contrato. Su ausencia, ojo, sí que acarrea la nulidad del contrato. Tenemos que pensar, para comprenderlo, que, en realidad, esta es una parte esencial del objeto del contrato mismo. Ya vimos, al hablar de los contratos en general, que el «alma» del contrato es su objeto, su porqué, y que sin este objeto carece de sentido.

De esta manera, también el escritor sabrá a qué atenerse respecto a la distribución futura de su obra y, ya de paso, tendrá una idea clara de las capacidades de la editorial con la que está firmando y hasta dónde puede llegar. Lo malo es que, en realidad, el autor debe fijarse más en el mínimo que en el máximo, ya que el segundo será muy voluble y el propio editor tirará muy por lo alto a la hora de proponerlo.

LA TEORÍA DE LOS CANALES DE DISTRIBUCIÓN…

Una de las cláusulas obligatorias más incumplidas en la práctica es la que se refiere a la determinación de las formas de distribución en el contrato. No se incumple por su falta de aparición en los contratos, sino por su falta de determinación y concreción. En la cláusula se suelen enumerar, sencillamente, los posibles canales de venta (librerías, grandes almacenes, etc.) dejando al arbitrio del editor la determinación práctica de esa distribución. Eso se hace así porque se supone que el editor, como empresario que corre un riesgo y disfruta de un posible beneficio, está tan interesado en una adecuada distribución como puede estarlo el autor de la obra.

También se le presupone que, como depositario de un conocimiento del mercado y de una experiencia en el sector, será capaz de decidir el mejor camino de distribución de la obra, y que manejará las posibles variables que aconsejen tomar las mejores opciones durante la vida comercial del libro.

… Y LA REALIDAD DE DICHOS CANALES

Por desgracia, en el plano real, muchos editores apuestan muy poco por la distribución de los libros que editan, más aún cuando el autor ya ha pagado por ellos (en el caso de que se trate de una editorial de autoedición encubierta). Por tanto, es otro motivo para desconfiar de estos sistemas de publicación, en los que el escritor tenga que abonar alguna cantidad al editor, y habrá que buscar, especialmente en estos casos, la mayor especificación posible y procurar vigilar su cumplimiento.

EJEMPLARES PARA EL AUTOR

También se requiere el establecimiento del número de ejemplares destinados al autor, como cortesía, y los que vayan a tener como fin la promoción y crítica de la obra. Esta cláusula es más importante de lo que parece, no tanto por los que reciba el escritor como parte del pago, y que este empleará con seguridad como obsequio a familiares y amigos, además de para sí mismo, sino por los destinados a los autores de reseñas.

Efectivamente, las reseñas en blogs, webs y publicaciones son un elemento de promoción importantísimo para el libro, y un buen espaldarazo, si son favorables, para la buena marcha de las ventas. Los reseñadores más importantes reciben libros de manera gratuita por parte de las editoriales, con el objeto de que aparezca una reseña de la publicación. Por lo tanto, el número de ejemplares destinados a tal efecto también deberá ser objeto de análisis en el contrato. La norma, en este caso, no especifica una consecuencia clara de la falta de este punto en las estipulaciones, lo que vacía de efectividad el hecho de su obligatoriedad. Los ejemplares de promoción y crítica, y los que se quede el autor, no devengan por lo general derechos de autor, ni se cuentan a efectos de determinación de tirada.

Y NO OLVIDES LO MÁS IMPORTANTE

La cláusula que, sin duda, da sentido al contrato de edición es la de la remuneración del autor. Sin ella, el contrato deviene nulo. Será, aunque pueda considerarse simbólica, el elemento que diferenciará el contrato de edición de otro tipo de pactos de cualificación y moralidad dudosa, y contra los que siempre advertimos.

Con el fin de no dejar al autor en un limbo indeseable tras la entrega de su manuscrito, el legislador ha previsto, como contenido mínimo del contrato de edición, que se establezca como obligación del editor el respetar un tope máximo dentro del cual la obra deberá ser publicada. Este tiempo, en ningún caso, deberá exceder de dos años desde la entrega de la misma. Es tiempo muy considerable, por lo que hay que procurar que este sea menor, aun teniendo en cuenta que la publicación de una obra es una labor compleja en la que intervienen muchos profesionales.

OTRAS CONSIDERACIONES

Correlativa a esta obligación del editor, se establece también de forma recíproca la obligación que tiene el autor de entregar su obra en un plazo determinado de tiempo. Es una previsión normal y lógica, aunque en la realidad las obras que se proponen a los editores ya están terminadas, a la espera de las correcciones o posibles cambios que estos puedan proponer y que sean aceptadas por el autor. En realidad, es una previsión que sería más bien de aplicación para obras por encargo o para que (mucho más habitual) se establezca un plazo, más bien corto, en el que el autor pueda revisar y corregir por sí mismo la obra antes de la entrega de su versión definitiva.

En el caso de incumplimiento por alguna de las partes de estos plazos, como en cualquier obligación recíproca, la otra parte puede ejercer una acción ante los tribunales que obligue al incumplidor a realizar lo pactado, en este caso la entrega de la obra o publicación de la misma.

Espero que este texto os haya sido de utilidad. Si tenéis alguna duda, no dudéis en consultarnos. Y por si sirve para ampliar un poco la información, os dejo la última entrada de mi videoblog.

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